Acerca del origen del nombre ‘Extremadura’

Por Juan Carlos Andrés

(IN MEMORIAM  Manuel Sánchez Gálvez, extremeño que tanto sabía de su tierra.)
La verdad es que nunca me ha gustado demasiado entrar en polémicas acerca del significado o el origen del nombre de esta región porque consideraba normal que las explicaciones de carácter popular que de vez en cuando se oyen por ahí carecieran del más mínimo rigor etimológico.
Sin embargo, por una circunstancia azarosa vino a caer en mis manos una publicación de la Universidad de Extremadura que me hizo reparar en lo que de siempre me había pasado inadvertido: su escudo. Y no me refiero al conocido logotipo con que suelen aparecer timbrados los escritos administrativos que emanan de esa institución, sino al escudo oficial y solemne: el redondo cuyos cuarteles están bordeados por la leyenda: VNIVERSITAS EXTREMATURENSIS – MCMLXXIII.
Permítaseme intercalar aquí una primera reflexión: ¿por qué “Vniversitas” –al modo latino clásico, donde la letra V tiene el valor vocálico de U-, y justo al lado, “ExtrematUrensis” –al modo medieval o, si se quiere, moderno-?  Como no le encuentro explicación racional, supondré que se trata de un despiste de diseño.
Pero sigamos con lo que nos interesa, que no son los tipos de imprenta, sino la etimología; aunque ciertamente la reflexión que sigue la provoca la forma latinizante del gentilicio que se lee en el escudo: “Extrematurensis” (la cual  presupone una “ExtremaTura”, con una T intervocálica bien clarita), porque yo, todo lo más, me hubiese atrevido a imaginar la forma “Extramadurensis” .
Vayamos por partes. Lo primero que hay que advertir, por si queda todavía alguien que sostenga la creencia de que Extremadura recibe tal nombre ya que es “extrema” en las temperaturas de verano y de invierno, es que esta no es la explicación. Y no lo es, además de por las razones etimológicas que veremos a continuación, porque tal aseveración no es verdad, al menos, en una de mitad: desde luego que las temperaturas de verano son extremas; pero no así las del invierno. Y claro que en invierno, como no puede ser de otra manera, hace frío…, pero yo estoy en condiciones de afirmar que no es para tanto (y experiencia al respecto me sobra después de los más de 30 años que hace que conozco estas tierras).
Desechada esta suposición, centrémonos en el término propiamente dicho: que Extremadura deriva de ‘extremo’ es cosa que nadie duda. O sea, la primera parte de la palabra es meridianamente clara y, desde los tiempos más lejanos, se trata de una raíz léxica, con origen remoto en la preposición latina ex, o si se quiere en el prefijo “extra-”, de pleno rendimiento en la lengua: “extremo, extremidad, extremaunción, extremar …” En lo que toca a la segunda parte del nombre (“dura”), es donde puede haber más discrepancia, y lo que provoca, por cierto, mi sorpresa inicial al ver “Extrematurensis” donde yo entendía y habré de seguir entendiendo “Extremadurensis”, ya que yo acepto como correcta la expresión histórica “Extrema Durii” ‘los extremos o las fronteras del Duero’.
A partir de textos, ensayos o artículos que he consultado recientemente, saco la conclusión de que, en los últimos años y en el entorno extremeño, se tiende a establecer la forma “Extrematura” como la variante latina original auténtica, en detrimento de una supuestamente errónea “Extremadura”. Ello, por ejemplo, se deduce del mismo escudo universitario, pero también de artículos –no sé hasta qué punto avalados por esa institución académica- que resultan de fácil acceso para cualquiera dispuesto a utilizar las herramientas digitales.
De los defensores de la forma originaria “Extrematura” citaré dos artículos: “Extrema y dura” de Diego Salvador y “El nombre de Extremadura” de Pablo Gonzálvez y González. Ambos descartan por poco plausibles la expresión que relaciona el nombre de la región con el río Duero –la que supondría una D intervocálica: “Extrema Durii” o “Dorii”, o cualquier otra variante- y aducen ejemplos de textos medievales donde se aprecia claramente la existencia de una T en lugar de la actual D. También puede mencionarse el artículo “¿Qué era Extremadura?”, de Domingo Domené, publicado en la revista Universo Extremeño, mucho más completo que los anteriores y, que manifestando la misma opinión al respecto, sin embargo, no abunda en ningún dato que la avale lingüísticamente.
Fijándonos en el artículo de Diego Salvador, que parece más serio que el otro (pues en el segundo no hay nada digno de referencia que no aparezca, y con mejor explicación, en el primero), podemos leer citas de textos manuscritos medievales como estas, de los siglos XII y XIII respectivamente: (1) “Regnante Adefonsus rex in Aragon et in Pampilona et in Superarbi [Sobrarbe] et in Ripa Curça [Ribagorza] et in Castella et in Strematura, y Facta carta XVI kalendas ianuarii i Tulliten [Tudela], era MCLXVI. Regnante rege Adefonso in Aragone et Pampilona el Superarbe, in Ripacurcia et in Extrematura”; (2) “Facta carta Caurie XI Kalendas Mai. Era MCCXXI, Regnante Rege Domino Fernando Legione, Galletia, Asturiis, Strematura” .  A los cuales se añaden otros dos o tres semejantes, en todos los cuales pueden versen las variantes “Strematura” o “Extrematura”.
Bueno, podrían tomarse como referencia fiable para defender la forma latinizante “Extrematura”, pero a ello cabe hacerle varias objeciones.
Digamos, antes de nada, que las variantes de escritura “Extre-, Estre-, Stre-madura” no  son significativas: la primera es ortografía culta y las otras dos están influidas por la fonética romance, esto es, la forma de hablar de una época en la que el latín ya no era lengua hablada coloquial, sino que habían surgido o estaban formándose las distintas lenguas románicas que hoy utilizamos.
Primera objeción: el texto (1) es de origen aragonés (Alfonso, rey de Aragón y Pamplona) y de él se dice en el artículo que no puede en forma alguna aludir al río Duero; no obstante hay que aclarar dos cosas: primero, las tierras ‘extremas’ occidentales de ese reino lindan con las orientales castellanas originarias en el Duero; segundo, el romance aragonés se caracteriza por el mantenimiento de algunas Ts intervocálicas (p.e. “pescatero”) y no es imposible que tal característica haya ejercido influencia en algunos escribas de la zona, que en los siglos XII o XIII ya no tenían conciencia del significado primitivo de los términos geográficos que utilizaban (sobre todo, teniendo en cuenta los cambios constantes de fronteras y entornos locales que en la Península Ibérica se habían ido sucediendo desde el siglo VIII con la invasión sarracena).
Segunda objeción: lo dicho del texto (1) no vale para el (2), excepto el paréntesis final. Lo cual, por cierto, puede explicar la consideración de un locativo singular –“Strematura”- justo al lado de un plural –“Asturiis”-, e influido por otros dos locativos en singular – “Legione, Galletia”-. El copista, sin duda, mantiene la noción de un plural etimológico (las Asturias), de uso profuso en la literatura de la época  e identificador de una zona muy concreta, pero ha perdido la noción de que “Extrema” en el latín que está escribiendo es también un plural (neutro, por tanto de localización no precisa: ‘los extremos’, ‘las afueras’, ‘las tierras más lejanas’, etc.) y lo identifica con una zona geográfica concreta, esta vez sí parece, coincidente al menos en parte con la actual Extremadura.
Tercera objeción, y la que a mi juicio es la más importante: el latín empleado es un latín muy degenerado, por eso no son fiables.  En ambos textos hay errores gramaticales y fonéticos. En el primero el redactor o copista ni siquiera es capaz de mantener la secuencia debida en el ablativo absoluto: “Regnante Adefonsus rex” [sic]; además confunde dativos –“Superarbi”- con ablativos, y desliza lo que se supone un acusativo direccional donde no corresponde – “i Tulliten” [sic]-; o vacila en las formas de un mismo nombre –“Ripa Curça / Ripacurcia”-. En el segundo texto también hay errores o imprecisiones ortográficas: “Caurie” donde correspondería “Cauria” o puede que “Cauriae”; o “Galletia “donde debería leerse “Gallaetia”, por ejemplo.
El caso es que tomando como testigos de la forma “Extrematura” esos y otros textos mencionados (y probablemente otros ejemplos que veremos más tarde), los dos autores citados creen que tal palabra era un nombre latino, en el que la raíz extrema  se halla completada por un sufijo “–tura”, y a partir de ahí, los dos juntos, dan lugar a una denominación común en la Península Ibérica.
Contra lo que pueda parecer,  no es tan fácil la explicación de ese supuesto sufijo “–tura”.  En realidad,  si se habla de un sufijo latino, debemos precisar que, en todo caso, será el sufijo “–ura”, que, conviene recordar, se trata de la desinencia del participio de futuro, el cual se construía a partir de las formas de supino: en todos los casos se precisaba un verbo y en la mayoría de los cuales la forma resultante acababa precisamente en “–tura”: “futurus-a-um, amaturus-a-um, lecturus-a-um”, etc.
De poco uso incluso en el latín clásico, este sufijo sí llega a lexicalizarse en algunos sustantivos, pero todos ellos necesitaban un verbo preexistente: p.e. los cultismos ‘licenciatura, conjetura, fractura, temperatura’, etc., o  las formas existentes en palabras populares en donde se adivina ese mismo sufijo originario (p.e. ‘trabadura, combadura, embestidura, bordadura’, etc.), ambas, las cultas y las populares, formaciones léxicas relativamente tardías en castellano, necesitan un verbo de referencia.
Pues bien, en ningún diccionario de los que he rastreado a conciencia encuentro un supuesto verbo latino “*extremare”, del que pudiera haberse derivado una forma “extrematurus-a-um”.
Por lo dicho de momento, yo me permito rechazar la hipótesis de “Extrematura” y me voy a centrar en la que creo más correcta y, desde luego, más apoyada en los hechos y en los textos escritos y que, como ya he dicho, es “Extrema Durii”, esto es, ‘fronteras, límites o extremos del Duero’.
Incluso los autores citados reconocen que la noción “Extremadura” históricamente no debe referirse solo a la región española actual de ese nombre, sino a los territorios que durante la Edad Media distintos reinos iban incorporando a sus dominios, tras reconquistárselos a los musulmanes. Así, nadie discute la existencia de una Extremadura castellana (de Burgos hacia Soria y más allá), una Extremadura leonesa (del antiguo reino de León hacia abajo) y una “Estremadura” portuguesa escrita con S (de las tierras actuales portuguesas al sur del río Duero: “Douro” o “Doiro” en portugués).
Como se puede fácilmente comprobar,  cualquiera de las varias ‘extremaduras’ está vinculada en origen al río Duero, que nace los Picos de Urbión , atraviesa las provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca,  se adentra en Portugal y llega a desembocar en Oporto. Este poderoso río ha sido siempre frontera histórica de referencia.
Pero no solo el sentido común, una tradición bien asentada o un vistazo al mapa nos explican el origen del nombre de Extremadura. El término latino “extremum” (en singular, pero “extrema” en plural, por ser de género neutro) sí que está documentado desde la antigüedad para referirse a territorios alejados de la metrópolis y, por circunstancias políticas o belicosas, de límites inestables.
El mítico diccionario latino de Félix Gaffiot (“Dictionnaire Latin-Français”) abunda en referencias al término con este valor y, nótese bien, siempre como sustantivo de género neutro (no de género femenino como suponían Gonzálvez o Salvador): “extremum provinciae”, que ya se lee en Julio César, “imperii extrema”, que se lee en Tito Livio, o “extremum oppidum Allobrogum est Genava”,  también en  Julio César y que asimismo puede encontrarse en el muy digno diccionario latino-español de Spes.
Con estos tres ejemplos debe quedar claro que la primera parte del nombre Extremadura refiere etimológicamente a una idea plural e imprecisa, como la que expresa la forma plural neutra latina “extrema”.
Vayamos ahora a la segunda parte de la palabra, “-dura”. Frente a los documentos en los que se leía “Strematura” o “Extrematura”, pueden presentarse muchos, y algunos anteriores, en los que está ausente la forma con T intervocálica. Al respecto puede consultarse el artículo “Sobre el origen y significado del nombre de Extremadura. Estudio historiográfico de la etimología duriense”, publicado en la Revista de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, nú. 4, 1989, págs. 409-423.
En su detallada exposición de datos, se incluyen referencias a textos muy documentados y que nos ilustran perfectamente en nuestra tesis. Veamos, por ejemplo: “Regnante rege Fernando cum filio suo Alfonso in Legione, Gallaecia, Asturiis et in Extremis Dorii”, en documento datado en el s. XII (nótese la forma de ablativo plural en “Extremis”)
Léase este artículo y se hallará abundante información sobre todo lo que estamos diciendo aquí.
Pero para ir terminando, remitámonos a los más antiguos vocabularios o diccionarios de la lengua española que nos darán testimonio de lo que venimos sosteniendo.
Que yo sepa es Nebrija en su “Vocabulario español-latino” (ca. 1495) el primero que recoge el nombre “Estremadura”, al cual traduce curiosamente como “ovium hiberna” (por cierto, en los siguientes tipos de impresión: “ouium hiberna”, que podemos interpretar como ‘cuartel de invierno de las ovejas’), lo que viene a significar dos cosas: 1ª que a finales del siglo XV o comienzos del XVI no se la tenía aún por denominación con límites precisos; 2ª que, sin embargo, apuntaba claramente a parte, al menos, de la actual Extremadura, pues los hablantes sabían que los ganados bajaban desde las tierras norteñas castellanas a pasar aquí el invierno.
Siguiendo en orden cronológico, Sebastián de Covarrubias en su “Tesoro de la lengua castellana o española”, de 1611, todavía recoge la versión “Estremadura” y sobre su definición, que a continuación se detalla, es preciso reparar en varias cosas: Covarrubias intenta compendiar todos los aspectos históricos y de experiencia patrimonial de los que hasta ahora hemos ido hablando  y, además, introduce dos referencias históricas. La primera es un error que llevará más tarde a la Academia, como veremos, a cometerlo ella misma y a favorecer, por su parte, el de los autores rebatidos antes; me refiero a lo de “Provincia de España, dicha antiguamente Beturia.”. La segunda referencia que nos interesa está al final de la definición: “De aquí le dan su verdadera etymología, y es que Estremadura se aya dicho estrema Duero, extrema Duria, estremadurii”. En referencias directas a los historiadores Fray Prudencio de Sandoval y Esteban de Garibay.
He aquí la definición completa: “Provincia de España, dicha antiguamente Beturia, vide Abrahán Hortelio; y después Estremadura, porque quando se iva recobrando de los moros, era por aquella parte lo postrero y la frontera hasta donde avían llegado los christianos ganando tierra, y por ser la extrema se llamó Estremadura. Refiérelo el Padre Mariana en su Compendio historial de España, lib. I, cap. 4. Esta tierra es tan templada y de tantas dehessas y tan buenas, que llevan allá a invernar los ganados de Castilla, y para que se conozcan, pónenles cada ganadero su señal de almagre, y de aquí  nació el refrán: “Enalmagrar y echar a estremo”, que cada uno lo aplica a lo que quiere, en razón de mejorarse. Cae Estremadura a las extremas riberas del río Duero, a la parte de medio día. Verás a fray Prudencio de Sandoval, obispo de Tui, en su Historia, cap. 9, fol. 29. De aquí le dan la verdadera etimología, y es que Estremadura se aya dicho estrema Duero, extema Duria, extremadurii, Garibay, lib. 9, cap. I.”
De Sebastián de Covarrubias damos el salto al siglo XVIII, ya con la Real Academia. En su primer diccionario, el de Autoridades y en su primera edición, no recoge el topónimo Extremadura, ni ningún otro, como de siempre es norma de la Real Academia, pero tampoco el gentilicio. Hay que esperar a 1791, para que el diccionario académico incluya: “EXTREMEÑO, ÑA. adj. El natural de Extremadura ó lo que pertenece a ella. Ad extremaduram pertinens”.
Esta misma cita de autoridad (de ahí el nombre de “Autoridades”) y su definición aparece en la edición de 1803, aunque en las siguientes de 1817 y 1822 se repite la definición, pero la cita de autoridad ha cambiado, sin duda por la acción de algún académico entusiasta seguidor de Covarrubias, pues reza así: “Ad Beturiam pertinens”.
La Beturia es otra denominación geográfica más o menos imprecisa que refiere a una zona correspondiente a las actuales provincias de Badajoz y de Huelva –en el curso bajo de los ríos Anas (Guadiana) y Baetis (Guadalquivir), habitada en la antigüedad prerromana por celtas y turdetanos. En todo caso, y por consiguiente, solo coincidente en pequeña parte con la actual región española.
A buen seguro que los académicos notaron el error, y en las ediciones del diccionario de 1832 ya desaparece esa denominación, pero, ¡ay!, corrigen con otro desliz, que, como decíamos, tal vez haya extraviado a Gonzálvez, Salvador y otros en su suposición de que el origen está en la forma “Extrematura”:  “EXTREMEÑO, ÑA. El natural de Extremadura ó lo que pertenece a ella. Ad Extrematuram pertinens”. Esta versión continúa en las ediciones de 1837, 1843 y 1852.
A partir de la siguiente edición, 1869, la Academia mantiene, puntualiza o amplía la definición, pero suspende la cita de autoridad.
Y ahora sí que termino, y no quiero hacerlo sin transcribir la leyenda que durante siglos  permanece grabada en piedra (hoy día ya muy deteriorada, pero acompañada de una reproducción reciente), justo al lado de la llamada “Puerta del Obispo” a trascastillo, en las murallas al mediodía de la ciudad de Zamora, a cuyos pies discurre manso y ancho el Duero,  en conmemoración del lugar donde se reunió el ejército que salió para comenzar la reconquista definitiva lo que, desde entonces y hasta ahora, iba a ser conocido como Extremadura:
“En la era de 1268 [año 1230] Alfonso rey de León tomó Cáceres, Montánchez, Mérida y Badajoz y venció a Abén Hut, rey de los moros que tenía 20 mil caballeros y 60 mil peones, y fueron los zamoranos victoriosos en la primera línea. En este mismo año fallesció el rey el día octavo antes de las kalendas de octubre [24 de septiembre], habiendo reinado 42 años y en este mismo año se hizo esta puerta”.

2 Respuestas a “Acerca del origen del nombre ‘Extremadura’

  1. Añado al impecable artículo, y a mayor abundamiento de la tesis, que el escudo de Soria lleva la leyenda: “Soria pura cabeza de Estremadura”.

  2. Extremadura es “límite” o frontera, sin más, como “encarnadura” es buena disposición para cicatrizar, o ralladura o levadura o los cientos de sustantivos que se forman añadiendo “dura”, “sura” o “ura” al adjetivo. La Estremadura en portugués (prácticamente el delta del Tejo) viene a ser una prueba de lo dicho, aparte de que en portugués se da la misma forma de sustantivación. Creo que las referencias al Duero son circunstanciales pero innecesrarias e inapropiadas.

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