Notas sobre ortografías

Por Juan Carlos Andrés

He de confesar que una de las cosas que más me encalabrinan es la poca atención que los hispanohablantes, en general y por lo menos en España, prestamos a la pronunciación de los nombres propios de lenguas extranjeras.

Y cuando semejante cosa la observo en los medios de comunicación y oigo a reputados periodistas repetir una y otra vez pronunciaciones indebidas para palabras  o nombres extranjeros casi de uso cotidiano sin la menor vergüenza y con todo descaro, entonces me exacerbo y no sé las barbaridades que se me pasan por las mientes, y de ahí a la boca, porque más de una vez, lo confieso, llego a perder el control que el decoro exige.

¡Qué envidia me dan los extranjeros con los que hablo o a los que escucho en los medios de comunicación cuando compruebo que se esmeran por pronunciar lo más atinadamente posible nombres de lenguas distintas a la suya, aunque no las hablen, ni las chapurreen siquiera!

Puede que tanto el tradicional aislamiento que se achaca a la cultura española como la relativa simplicidad de nuestro sistema fonético y de nuestras reglas ortográficas propicien la mala costumbre de no esforzarnos en este aspecto, pero creo que va siendo hora de que todos los que han pasado por la escuela (ya prácticamente todo el mundo, a estas alturas de siglo) muestren un poco de respeto por este apartado de lo que debemos considerar, sin duda, una muestra de cultura general.

Como consideración previa a lo que expondré a continuación, permítaseme decir que, en efecto, nuestro sistema fonético es extremadamente simple, en particular en lo que al sistema vocálico se refiere, porque tenemos la suerte ortográfica, por así decirlo, de que nuestros fonemas vocales son cinco y vienen a coincidir plenamente con las cinco letras vocales del alfabeto universal latino.

Por esta razón, creo que los españoles estamos en cierta forma disculpados de muchos errores de pronunciación de nombres en lenguas en las que no tengamos cierta práctica o conocimientos. Y por la misma causa también en el presente artículo voy a centrarme en las consonantes: sin tener tampoco demasiadas en nuestro sistema fónico, no creo que para el caso que nos ocupa estemos en demasiada desventaja frente a cualquier otro hablante de una lengua de cultura, por ejemplo, de cualquier lengua europea.

Empecemos con los errores. Y veámoslos en nombres de deportistas, especialmente futbolistas, que con tanta abundancia nos dan a conocer los medios de comunicación y que algunos profesionales de esos mismos medios se resisten a enterarse de cómo deben pronunciar. Lo que, por cierto, no es extraño cuando la mayoría de ellos ni siquiera son capaces de pronunciar medianamente bien, a pesar de repetirlo hasta la saciedad, el nombre de uno de los clubes más famosos del mundo, El Manchester United, y se quedan en algo así como *MANCHESTER IUNAI.

Vayamos a los nombres de personas. Todos conocemos la gran cantidad de jugadores que han pasado por equipos españoles provenientes de la antigua república yugoslava; una gran cantidad de nombres serbocroatas (dejemos para otra ocasión la existencia de dos alfabetos distintos, el latino y el cirílico): muchísimos de ellos son conocidos por sus apellidos que terminan en el carácter Ć, que para nosotros suena, más o menos, como una CH, y así deberíamos intentar pronunciarlos. El hecho de que al no disponer de forma inmediata en nuestros teclados de este tipo gráfico, puede disculparnos de escribir una simple C, pero no nos debe autorizar a equiparar pertinazmente su pronunciación con la K de kilo.

No digan pues los intrépidos reporteros futbolísticos *MIYÁTOVIK, sino MIYÁTOVICH (escrito: Mijatović, y en cirílico Mијатовић), *IBRAJÍMOVIK, sino IBRAJÍMOVICH (escrito: Ibrahimović, y en cirílico Ибрахимовић ), *PÁNTIK, sino PÁNTICH (escrito: Pantić, y en cirílico Пантиć), etc., etc. No resulta difícil, si nos lo proponemos.

¿Cuántos holandeses o belgas flamencos han pasado por entre nosotros y cuántas veces hemos oído sus nombres mal pronunciados? Muchos de estos deportistas llevan en su apellido la preposición VAN y, puede admitirse que para alguien que no sepa neerlandés (la lengua de Holanda y de Flandes en Bélgica) su inclinación natural sea pronunciar esa V a la española, y decir algo así como BAN; pero no debemos conformarnos con eso. Ni siquiera otros más perspicaces que se atreven a distinguir la pronunciación de B /bilabial sonora/ y de V /labiodental sonora/, como ocurre en la mayoría de las lenguas extranjeras que conocemos, aciertan. En neerlandés,  la V se pronuncia casi, casi como nuestra F. Así, tendremos que decir FAN NISTELROOY, con una O larga, (escrito: van Nistelrooy o van Nistelrooij), FAN JAAL, con una A larga y con una casi jota que roce la garganta (escrito: van Gaal), FAN DER FAART (escrito: van der Vaart) o FAN DER SAR, ahora la A es corta (escrito: Van der Sar). No resulta difícil, si nos lo proponemos.

¿Y qué pasa con los nombres o apellidos alemanes? Por cierto, similar al “Van” holandés es el “Von” (léase siempre FON,) alemán: Von Bismark, von Nuemann, von Staunffenberg… Aparte de esto, creo que pocos españoles pronunciaremos a la perfección Schuster o Schumacher, como tampoco otros nombre, bien conocidos, de personajes históricos: Bach, Schumann, Schindler, Schleicher, Offenbach, etc.

Recordemos dos grupos consonánticos de esta lengua que se repiten mucho: el inicial “sch-“ y que debemos intentar pronunciar algo así como SH (como “mushasho” en andaluz): SHUSTA, SHUMAN, etc.; y el grupo “-ch-“ o “-ch”, que debemos intentar reproducir mediante nuestra jota: SHUMAJA, SHLAIJA, BAJ, OFENBAJ, etc.

Con estas pequeñas observaciones y con alguna más como, por ejemplo, que si la letra V se pronuncia como una /f/, según se ha dicho, y que la letra W tendremos que pronunciarla como una /v/ francesa y no a la inglesa, a todos nos entenderán cuando digamos, por ejemplo, “me gustan mucho los coches FOLKS VAGGUEN” (escrito: Volkswagen), y no *BOS BAGUEN, *VOS UAGUEN, o cosa parecida.

Si añadimos a esto que cuando veamos escrito “eu” diremos algo así como OI, que cuando veamos “ei” diremos AI, y cuando una palabra acabe en “-er” pronunciaremos, más o menos, A, entonces casi podríamos dar el pego: DOITSHE BANK (escrito: Deutsche Bank), EDELVAIS (escrito: Edelweiss), y así sucesivamente. No resulta difícil, si nos lo proponemos.

Aunque para describir nuestras meteduras de pata no tenemos que reparar en lenguas más o menos lejanas, como las anteriores. Incluso, y aunque parezca mentira, con el portugués o con el italiano cometemos errores imperdonables.

Por seguir con los inefables cronistas deportivos, podemos citar el caso de un futbolista que ahora milita en el Real Madrid: Carvalho. Puedo declarar bajo juramento que a más de uno, y de una, he oído decir *CARVALO. ¿Es que tan dificultoso le resulta a un titulado superior, profesional de la comunicación, aprender que “lh” en portugués es lo mismo que “ll” en español, pero sin yeísmo; y paralelamente, “nh” es lo mismo que nuestra “ñ”? Pues claro que hay que pronunciar CARVALLO (y mejor con la /v/ labiodental y la vocal final cerrada casi en /u/) y no de otra manera, o COELLO y no *COELO (escrito: Coelho), etc. No resulta difícil, si nos lo proponemos.

Y, para ir finalizando y sin salir del deporte, ¿cómo oímos o pronunciamos nosotros mismos cuando nos referimos a Arrigo Sacchi,  Pochettino, Fachetti,…? La respuesta es fácil: en italiano para pronunciar el sonido /k/ delante de las letras “e” o “i” escriben “ch”: así, los anteriores los leeremos SAKI, POKETINO y FAKETI, nunca *SACHI, *POCHETINO o *FACHETI. Cuando quieren representar el sonido para el que nosotros usamos “ch”, los italianos escriben “c” ante las vocales “e” o “i”; y “ci-“ delante la “a”, la “o” y la “u”: ANCELOTI (escrito: Ancelotti), pero diremos KIELINI (escrito: Chielllini); por lo mismo que diremos CHAO, cuando saludamos o nos despedimos (escrito: ciao). No resulta difícil, si nos lo proponemos.

Bueno, y ya concluyo, nosotros los hispanohablantes podremos aproximarnos bastante a la pronunciación de los nombres extranjeros con estas simples normas y con la advertencia de que nuestra ortografía, que es más simple que unas sopas de ajo, se aparta de las del resto del mundo en alguna que otra excentricidad, cosa que debemos tener presente.

Excentricidades, a saber: la letra “z” en ningún otro idioma suena como interdental  e iremos, más o menos bien, si intentamos alguna variante de “s”; la letra “j”, o la “g” ante las vocales “e” o “i”, tiende en la mayoría de los alfabetos a ser algo así como Y (fricativa prepalatal sonora) –aunque esto solemos intuirlo bastante bien-; las letras “b” y “v” en ninguna otra lengua, con las excepciones del gallego y del vascuence, suenan igual… Y poco más.

Ya veremos que no resulta difícil, si nos lo proponemos.

2 Respuestas a “Notas sobre ortografías

  1. En la web de la ACB, con muy buen criterio, hay una página donde los jugadores dicen su nombre para que los comentaristas y aficionados sepan la pronunciación correcta.
    Este es el enlace: http://www.acb.com/redaccion.php?id=70849
    Lamentablemente, no todos los locutores hacen demasiado caso al asunto.

  2. Muchas gracias. No conocía la página pero me parece muy útil. Habría que hacerla obligatoria también en la Federación de Fútbol y en otras.

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