Tema y tesis vs. Sujeto y predicado

Por Juan Carlos Andrés

Preámbulo: Las nociones que vamos a desarrollar se contienen en un manual de amplio contenido que hace cerca de cuarenta años publicó don Manuel Seco y que, desde entonces, se ha convertido en una obra de consulta y cita obligadas para todo estudioso de la lengua que se precie: Gramática esencial del español. Introducción al estudio de la lengua. Aunque el autor probablemente sea más conocido (y también reconocido) por su labor como director del Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española o por sus dos grandes contribuciones a la lexicografía española: el Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española y el Diccionario del español actual.

Entre todas las disciplinas lingüísticas que tradicionalmente forman parte de los manuales escolares, seguramente la Sintaxis tiene el dudoso honor de ser considerada como la más árida y la menos estimada por los escolares de todos los niveles.

Lo cierto, sin embargo, es que, bien entendida, constituye un método excelente para conocer el mecanismo de funcionamiento de una lengua y la mejor ayuda, por tanto, a la hora de construir textos (orales o escritos). Es curioso: mediante el método de deconstrucción de textos –eso en realidad es el análisis sintáctico de toda la vida-, el escolar puede adquirir la habilidad para poner en juego los recursos más valiosos a la hora de producir nuevos textos con solvencia, o lo que es lo mismo, con corrección y elegancia.

Todo el mundo ha estudiado lo que es una oración gramatical; y todo el mundo recuerda que la oración gramatical la forman el sujeto y el predicado. En frases como la vaca come hierba o el niño es bueno, cualquiera distingue los dos constituyentes oracionales que aparecen en cada caso: los sujetos la vaca y el niño, y los predicados come hierba y es bueno.

Pues efectivamente, así de fácil es trazar la línea de separación entre estos dos constituyentes oracionales que, al decir de los gramáticos, siempre están presentes en toda oración gramatical.

Las definiciones de estos conceptos gramaticales son también muy fáciles de establecer y de recordar: sujeto es el término de la oración que funciona como actor o como soporte del predicado; y este, el predicado, es aquello que se dice del sujeto.

Fijémonos en el hecho de que ambos elementos se requieren mutuamente: sujeto y predicado no pueden entenderse cada uno por su lado puesto que no tienen existencia separada. El sujeto lo es de un predicado, y el predicado lo es de un sujeto.

Esta definición responde a una consideración funcional, digamos elemental, de los dos integrantes que forman una frase con sentido.

Además de la perspectiva lógica, podemos intentar explicar la oración gramatical desde, al menos, otros dos puntos de vista: según la forma y según el significado. Y aquí es donde podemos empezar a tropezar con obstáculos que, a buen seguro, son los que han propiciado esa impresión general de aridez, y por tanto de rechazo, de que hablábamos al principio.

Desde la perspectiva de la forma, es lugar común asegurar que el sujeto y el predicado corresponden necesariamente con un sintagma nominal (SN) y un sintagma verbal (SV). Es decir en fórmula universalmente difundida porla GramáticaGenerativacomo “primera regla de rescritura”: O → SN + SV.

Simplificando, toda oración gramatical consta de un SN y un SV, que vienen a coincidir con lo dicho antes de sujeto (SN) y predicado (SV).

En este punto hay que recordar que el sintagma nominal está formado por un nombre sustantivo, junto al que pueden agruparse otros elementos que van complementándolo, y que el sintagma verbal lo constituye un verbo, por lo menos, o más frecuentemente un verbo y sus complementos [¡ojo! Recuérdese que hay dos tipos de SV o de predicado: los llamados predicado verbal y predicado nominal.  Pero esto ahora no afecta a lo que estamos tratando].

Así, un nombre sustantivo como casa puede ser el núcleo de un SN, esto es, un sujeto, que solo o en compañía de otros elementos (artículo, adjetivos, complementos de nombre…) se relaciona con un verbo como tiene, que por sí solo o en compañía de otros elementos (complementos) forma un SV o predicado. Por ejemplo, podemos formar una oración muy simple como la casa tiene un hermoso jardín.

Si partimos del esquema O → SN + SV, llegamos a la secuencia: la casa (SN sujeto) + tiene un hermoso jardín (SV predicado). Hasta aquí, todo correcto.

Esta frasecilla elemental puede ampliarse mediante el añadido de elementos que complementen a los que forman el SN y el SV, y por otros que complementen a los que van complementando, y así sucesivamente. Por ello, el esquema básico O → SN + SV seguiría manteniendo como elementos nucleares a casa y tiene, respectivamente núcleos del sujeto y del predicado, en una oración un poco más larga y compleja como: la casa nueva que se han comprado en Zaragoza mis tíos después de haberles tocado la lotería (SN) +  tiene un hermoso jardín repleto de magnolios y rosales que desprenden un olor tan intenso que parece que uno pudiera embriagarse hasta el éxtasis (SV).

Estas explicaciones basadas en la lógica, en la forma o en la función de los elementos en la frase pueden ser aplicadas en todos los casos y, pese a su pretensión de inexorabilidad, para muchos alumnos resultan, si no incomprensibles, sí al menos poco convincentes.

Y esta falta de convicción se comprueba mejor si pretendemos entender la estructura de la frase, esto es, analizar la oración desde la perspectiva del significado.

Entonces, lo veremos en algunos ejemplos, la rigidez de la “primera regla de rescritura”, O → SN + SV, se ve amenazada: hasta el punto que los propios gramáticos generativos tienen que explicar los nuevos esquemas que pueden surgir contraviniendo esta primera regla como “transformaciones”. Y así, a partir de estos conceptos de “generación” y “transformación”, es universalmente conocida esa escuela gramatical: la Gramática Generativa o  Transformativa.

Pero véanse estos ejemplos:

1: Yo encuentro abominables los programas de televisión.

2: No le preste usted este libro a nadie.

En el caso 1, yo es el sujeto y el resto, el predicado; en el caso 2, el sujeto es usted, y todo lo demás el predicado.

De momento podemos ir sacando la conclusión de que el orden de los elementos en la oración no es estable ni fijo, por lo tanto el sujeto suele ir al comienzo de la misma, como en 1, pero no es necesario: el sujeto puede ir en cualquier sito, ya sea al principio, en medio, como en 2, o al final de la frase.

Y justamente esta costumbre de alterar el orden básico SN + SV es la que confunde a los alumnos despistados, y a los no expertos a la hora de identificar el sujeto y el predicado.

Esa costumbre de alterar el orden descrito de la frase no sólo es exclusiva de los despistados o los no expertos, sino que todos los hispanohablantes tenemos esa tendencia: alteramos ese orden en multitud de ocasiones, y en ello no hay que ver un error o un desvío de la norma, sino una razón expresiva ligada a la lógica más apabullante.

Veamos de nuevo: ¿en el ejemplo 1 tendemos a decir yo encuentro abominables los programas de televisión, o, más bien, decimos: los programas de televisión yo los encuentro abominables? ¿En el ejemplo 2 es más frecuente el orden no le preste usted este libro a nadie, o preferimos este libro no se lo preste usted a nadie?

La verdad es que si hiciéramos un estudio estadístico de la frecuencia de aparición de esas o parecidas estructuras, encontraríamos que las segundas versiones predominarían sin ninguna duda; y no sólo en la lengua oral, sino también en la escrita.

¿Por qué es eso? Pues la respuesta la tenemos en que en las mentes de los hablantes, en lugar de los conceptos de sujeto y predicado, están unos no del todo equivalentes y que podemos denominar Tema y Tesis.

Tema es aquello en que se centra la atención del hablante; y tesis, aquello que el hablante dice de ese tema.

En el ejemplo 1, aquello en lo que se centra la atención del hablante, lo primero que se le viene a la mente y a la palabra, es los programas de televisión (tema), y el resto es lo que se dice de ello (tesis).

En el ejemplo 2, queda claro que el sujeto lógico de la frase (aquello de lo que se habla o se dice algo) es este libro (tema), y el resto de la oración es lo que se dice de él: no lo preste usted a nadie (tesis).

Esta forma de analizar la oración, basada en el significado y no solo en la forma o en la función, es también una manera lógica de entender la estructura lingüística que subyace en las frases que decimos y oímos. Por ello probablemente los gramáticos llevan un siglo por lo menos intentando explicar, de manera distinta a la empleada comúnmente en la larga tradición académica, esos conceptos elementales que los estudiantes poco aplicados se resisten a aceptar. Quizá porque no andan faltos de razón cuando anteponen la lógica del significado a los preceptos funcionales de la gramática al uso.

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