De lingüística románica (IV)

Por Juan Carlos Andrés

En esta penúltima entrega vamos a centrarnos en unos comentarios previos a  la relación de las lenguas latinas existentes, esto es, la nómina de las oficialmente reconocidas, pero con alguna referencia a variantes o formas de habla que a veces pueden considerarse de difícil clasificación y que pueden llegar a resultar objeto de polémica.

Quizá, por eso y antes de proseguir con el tema concreto que nos ocupa, nos convendría reflexionar un poco sobre los conceptos generales de lengua, idioma, dialecto, etc., porque probablemente no todos los comprendamos igual. Y, sobre todo, porque los lingüistas y filólogos suelen tener unas ideas sobre estas nociones bastante distintas de las del resto de los mortales.

Si vamos a intentar aclarar este aspecto sin remontarnos demasiado lejos en el tiempo, no nos salgamos de los clásicos y fijémonos en Ferdinand de Saussure, quien al menos puede resultar conocido a las generaciones de antes de la LOGSE: Saussure, padre de la lingüística moderna, diferenciaba dos conceptos que bautizó como ‘lengua’ y ‘habla’; al primero de ellos lo definía como social, inmaterial, relativamente estable, en definitiva, una estructura o sistema a disposición de los individuos; el segundo concepto, el de ‘habla’, viene a ser todo lo contrario: individual, concreto, variable…

Saussure entendía la ‘lengua’ como algo ligado a una sociedad, y el ‘habla’ como algo ligado al individuo.

Por cierto, estando en este punto y antes de proseguir, para cualquiera interesado en las cuestiones lingüísticas que venimos tratando –el origen de las lenguas, su evolución, constitución de las lenguas, etc…- recomiendo vivamente un viejo libro de 1921 con el que yo tuve la suerte de encontrarme hace ya mucho tiempo (treinta y dos años, según compruebo en mi registro), en edición traducida en México  y publicado por UTEHA: El lenguaje. Introducción lingüística a la historia, del lingüista francés Joseph Vendryes. Y me atrevo a recomendarlo porque, aunque la edición que yo tengo está ya descatalogada, recientemente y preparando estos escritos he descubierto que en la red podemos encontrar y descargar libremente su original: Le language. Introduction linguistique à l’histoire.

Continuemos. Si podemos entender que existen lenguas, y que estas se asocian a distintos grupos humanos, estupendo. Estamos de acuerdo. Pero si ahora pretendemos concluir que podemos identificar los idiomas que se hablan en el mundo atendiendo a la clasificación de las distintas lenguas conocidas, pues aquí nos encontraremos un poco perdidos.

Fernando Lázaro Carreter en su famosísimo Diccionario de términos filológicos definía ‘idioma’ de la siguiente manera: Término que alterna con el de lengua, referido a las lenguas nacionales modernas: idioma portugués, inglés, polaco, etc. Basta con que una lengua esté fuertemente diferenciada (por el número de hablantes, por la extensión de su dominio, por su cultivo literario, etc.) para que podamos designarla como idioma: idioma catalán, gallego, provenzal, etc.

Como siempre en don Fernando Lázaro, encontramos una definición elegante, precisa, correcta y pedagógica; aunque esta vez no concluyente, puesto que el mismo significado el término es de por sí impreciso, si no equívoco.

Sin abandonar esta definición, porque yo no conozco otra más atinada, vamos a intentar desarrollarla en las dos partes conceptuales que contiene: 1) sinónimo (mejor, cuasi sinónimo) de lengua, pero nótese: referido a las lenguas nacionales modernas; 2) fuertemente diferenciada, lo que se matiza por número de hablantes, extensión y cultivo literario, esto es, tres delimitaciones imprecisas: ¿cuántos hablantes? ¿cuánta extensión? ¿cuánto cultivo?

Si nos preocupamos en saber algo más de la palabra ‘idioma’ podremos llegar a la conclusión de que es un término de origen griego (ἰδίωμα) que, a través del latín culto, llega a introducirse en las lenguas de Europa en la Edad Moderna, cuando, como veíamos en el capítulo anterior, los dominios lingüísticos ya estaban casi definidos tal como hoy los conocemos.

El Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Corominas data la primera aparición de ‘idioma’ en español en El Quijote de Cervantes (1605) y apunta a una documentación en francés un poco más antigua: 1548.

Repárese, pues, en que la primera nota significativa de la definición de Lázaro Carreter está muy bien orientada: lenguas nacionales modernas. Es a partir del s. XVI cuando nuevos conceptos ideológico-políticos comienzan a desarrollarse y, a partir de ellos, las personas vamos a ir entendiendo las cosas: a medida que eso que podemos llamar nuevos conceptos van tomando una orientación u otra, las personas vamos entendiéndolos de una manera o de otra y conformando nuestra interpretación del mundo.

La segunda parte de la definición de Lázaro Carreter, si bien clarificadora, no es fácil de delimitar. Por poner algunos ejemplos: ¿lo que hablan los vecinos de los pueblos portugués y español que comparten arroyo, calles, tiendas, bares, tierras de labor y hasta nombre en Rionor (en Trás-os-Montes e Alto Douro) / Rihonor de Castilla (provincia de Zamora) qué es?, ¿portugués, español, gallego-asturleonés…? ¿Los serbios, los croatas, los bosnios, los montenegrinos no se entienden todos en el idioma serbocroata, a pesar de que unos escriban con caracteres latinos y otros con caracteres cirílicos y a pesar de que, después de las guerras balcánicas no se pongan de acuerdo en cómo denominar la lengua que hablan? ¿Podemos considerar idioma el bable asturiano al que el siglo pasado alguien tradujo el Padrenuestro y para el que, de entonces acá, se le han venido confeccionando gramáticas, diccionarios, antologías literarias y demás textos escritos? ¿El catalán, el valenciano y las variantes baleares son un mismo idioma o no? En este último caso, opiniones hay para todos los gustos (entre especialistas y público en general). Y en caso de ser uno solo, ¿cómo se llamaría? Algunos proponen, a partir de la gigantesca obra lexicográfica de Antoni Mª Alcover y Francesc de Borja Moll, Diccionari Català-Valencià-Balear, denominarlo bacavès, cavabà, cabavànic, etc.

Dudas razonables de este tenor podríamos estar comentándolas sin solución de continuidad, por ello, a este respecto, podemos concluir que el concepto de ‘idioma’ es, sobre todo, un concepto cultural y que, como todo concepto cultural, está sujeto a los vaivenes del tiempo, como muy bien habrá apreciado el sagaz lector que haya reparado en los ejemplos aducidos por don Fernando Lázaro: idiomas portugués, inglés y polaco para las lenguas nacionales de las que no se tiene duda desde los tiempos de Cervantes, y catalán, gallego y provenzal para otros idiomas que no siempre (al menos hasta ahora) se habían asociado tan claramente y por todo el mundo a nociones como ‘extensión de dominio’ o ‘cultivo literario’.

Todo lo que llevamos comentado sobre ‘lengua’ e ‘idioma’ sería nada, si nos adentrásemos en las procelosas definiciones e interpretaciones de ‘dialecto’. Válganos para hacernos una idea el comienzo de la definición que para este vocablo nos da Lázaro Carreter en su ya mencionado Diccionario de términos filológicos: Modalidad adoptada por una lengua en un cierto territorio, dentro del cual está limitada por una serie de isoglosas (…).

Ciertamente la dificultad para su comprensión no está, por ejemplo, en palabras raras como esa de ‘isoglosa’, sino en una simple frase que aparece en la misma definición poco después: Sin embargo, las fronteras entre los dialectos suelen ser muy borrosas.

Tal vez en este punto el lector que haya seguido las entregas anteriores, empiece ahora a comprender mi insistencia en lo de las manchas de aceite de distintos tonos y texturas que iban entremezclándose sobre una superficie.

Bueno, pues si damos por sentado que la realidad es más compleja que los términos en que vamos a tratar de describirla, y también asumimos que la cultura en la que nos movemos en sentido general nos acomoda mejor para una visión del mundo que para otra u otras  que nos resultan más difíciles de aceptar, lo que seguirá y concluirá definitivamente con este asunto es la relación taxonómica de las lenguas románicas que se han hablado o que se hablan en la actualidad.

Todas ellas lenguas hermanas, hijas de una misma madre, producto de una suerte dispar y mejor o peor avenidas. Como pasa en todas las familias, incluso las lingüísticas.

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