Soneto isabelino en que el poeta se disculpa con la jardinera desairada*

Por Pedro Segador

Pidióseme venir, Gloria, vestido
de flor o -qué valor- de mariposa.
“Quieto ahí” -respondíle al atrevido-,
“que al jardín ese irá también mi esposa.
Y si al alba, por Baco malmetido
(porque, claro, será noche gloriosa),
le exigiese el deber con su marido,
me espetara, cruel cuanto jocosa”:
“Allí el más fililí del ramillete;
burraco aquí de vino, no de hombría.
Si quieres rematar con el cohete,
dispáralo tú solo, vida mía”.
Acepta, pues, amiga, mis excusas,
fiadas, por tu pláceme, a mis musas.

* Corté estos versos por ofrecérselos a la aludida, como flores de las mías, en las pompas y lucimientos por su  jubilación. No aparecí luego por allí, ni con el ramo ni sin él, porque, la víspera, me habían dejado desganado del todo los cirujanos.

Una respuesta a “Soneto isabelino en que el poeta se disculpa con la jardinera desairada*

  1. Muy bueno, Pedro, muy bueno

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