El caso del diccionario falaz

por Jesús Alonso Ruiz

'Der Bücherwurm'Sí, yo también he leído ese cuento de Borges que se llama “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, pero les aseguro que mi caso no es el mismo que allí se narra y, aunque guarda ciertas similitudes, posee también ciertas peculiaridades que lo hacen diferente.

Todo empezó hace dos meses. Yo estaba, como tantas veces, escribiendo en mi biblioteca y, como tantas veces, tenía a mi lado la 21ª edición del diccionario de la Real Academia en la que, si se da el caso, consulto las dudas que se me presentan. También tengo a mano, como exige mi oficio, el “Diccionario de dudas”, de Seco y el María Moliner.

Como otras tantas veces, tuve que buscar el significado de una palabra. Se trataba de la palabra “bahorrina”, que yo recordaba haber visto al hacer alguna otra consulta, pero cuyo sentido exacto no podía precisar.

Busqué en la parte correspondiente y, en la página 176, tercera columna, leí:

bahorrina. (Voz onomatopéyica) f. fam. p. us. Parte exterior de la cerviz, cuando es gruesa y abultada.

Debí poner cara de extrañeza. Yo no recordaba que fuera ése el significado, sino otro muy distinto. En un primer momento, pensé que se trataba de una corrección respecto de la 20ª edición que es donde la había visto por primera vez, pero después ese “Voz onomatopéyica” me hizo sospechar: ¿onomatopéyica?, ¿de qué puede ser onomatopeya “bahorrina”?

Quedé confuso. No obstante, antes de buscar un sinónimo de la palabra que yo quería poner, decidí consultar el “Diccionario de uso del español”, de María Moliner.

En mi caso, el (mejor, “los”, ya que son dos volúmenes) ejemplares correspondían a la reimpresión de 1988. En la página 328 del volumen A-G, segunda columna, hallé la palabra impresa en cuerpo más pequeño que las demás. Leí con perplejidad:

bahorrina À *Suciedad revuelta con *agua. ž Cualquier clase de suciedad (V. “*Aguachirle”). Á (fig.) *Chusma (V. etim. de “vaho”)

En alguna parte había un error. La definición del María Moliner sí se acercaba al recuerdo que yo tenía del significado de bahorrina. “¡Dios mío!”- pensé con el escalofrío de creer haber hecho el tonto durante mucho tiempo –, “¿será verdad todo lo malo que se dice sobre el DRAE?”. Porque yo, a despecho de los vientos dominantes entre los intelectuales de 3ª división B, sostenía la esencial bondad de ese diccionario de la benemérita institución.

No obstante, si he de ser sincero, no me alarmé en demasía por la discrepancia y la atribuí a errata de uno de los dos diccionarios (más bien del DRAE).

No sé si fue al día siguiente o unos días más tarde, tuve que volver a consultar el DRAE. Esta vez, era a cuento de cierto texto sobre las doctrinas religiosas en el medievo, donde aparecía la palabra “husita”, cuyo sentido general no se me escapaba, pero que necesitaba precisar.

En la página 800, también 3ª columna, hallé lo que sigue:

husita. adj. Fam. Hecho o dicho fácil y de poca entidad, a que se ha querido dar importancia.

Imposible. Hasta aquí podíamos llegar. El “Hecho o dicho fútil…” es una “pamema”. Definitivamente. Es una “pamema” porque esa palabra la conozco muy bien.

Estaba estupefacto. No obstante, tuve fuerza de ánimo suficiente y volví a consultar el María Moliner.

Cualquiera de ustedes puede verificar que allí, en la página 78 del volumen H-Z, se encuentra lo siguiente:

husita (adj. y n.) Se aplica a los seguidores de la *herejía de Juan de Hus.

Lo que se condecía perfectamente con el asunto que trataba el escrito donde había encontrado el término.

Se me ocurrían dos posibilidades: o bien los académicos habían escrito las fichas durante una temporada de acentuada dipsomanía (lo que me parecía improbable), o bien entre los linotipistas o quienes fuese de la Editorial Espasa había uno o varios saboteadores.

La hipótesis de que yo me hubiera vuelto loco, la descarté inmediatamente al comprobar que mi mujer hacía la misma lectura que yo, en ambos casos.

Comencé entonces una búsqueda sistemática (que me ha ocupado estos dos últimos meses) en el DRAE y logré con ello encontrar tres definiciones intercambiadas. Efectivamente intercambiadas; quiero decir, que después de las dos primeras palabras (bahorrina y husita), descubrí que la definición que mi DRAE atribuía a “bahorrina”, corresponde en realidad a “cerviguillo”; y la de “husita” (como he señalado más arriba) a “pamema”.

Las tres nuevas palabras con definición intercambiada son: “pihua” (que, en mi edición, se define como ungüento compuesto principalmente de la raíz de altea); “pijojo” (como acto de brindar apurando el vaso) y “salumbre” (espacio limitado por tabiques, para guardar frutos y especialmente cereales), aunque esas definiciones corresponden, respectivamente, a “dialtea”, “carauz” y “troj” como establecí después de interminables y fatigosas horas de búsqueda.

Si lo piensan bien, esas cinco palabras tienen algo en común: son muy infrecuentes y hasta desusadas. Es decir, que tienen pocas posibilidades de ser consultadas alguna vez por alguien.

Inmediatamente – ya que yo también he leído ese cuento de Borges, etc. – decidí revisar otros ejemplares de la misma 21ª edición para ver si contenían los mismos entrecruzamientos de definiciones.

Lo hice: la biblioteca de letras de la Autónoma de Bellaterra, la biblioteca municipal de mi pueblo y hasta el del Departamento de Lengua Española del Instiuto Pedro de Valdivia, poseen esa misma 21ª edición. En los tres libros las definiciones están correctamente atribuidas.

¿Por qué en mi diccionario no? Aún no tengo una hipótesis satisfactoria y tengo la esperanza de que alguien que lea estas líneas pueda ayudarme.

No se escapan las posibilidades más obvias: broma (o sabotaje) de los cajistas o quienes sean o errata en unos pocos (no sé si pocos) ejemplares. Lo que, en cualquier caso, convierte a mi diccionario es un ejemplar anómalo, quizá único y –sólo en cierto modo – inútil.

Lo más inquietante, es que en mi Diccionario de dudas y dificultades del español, de Manuel Seco, se advierte (acabo de leerlo) que el uso de “en base a” es preferible a otros tales que “basándome en”, “con base en”, etc. Y, en la entrada correspondiente a “prever”, se advierte que se conjuga como “proveer” y que, por lo tanto, su pretérito indefinido es “preveyó”. Las bases de mi mundo (toda lengua importa una Weltanschauung) empiezan a desmoronarse.

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