Archivo de la etiqueta: latín

Delectatio conandi latine

Por Juan Carlos Andrés

PUELLA PULCHRA EST. Prima lectio. O tempora, o mores! Me imberbe, inter Durii nebulas non solum grammaticam sed etiam veram humanitatem apud magistram Ursicinam didici.

NEMO ME IMPUNE LACESSIT. Scotiae máxima sententia. Superbi Scotii qui nunc, tunc et semper aussi sunt ut femineam vestem sine verecundia portaverunt.

NULLUM MALUM GRAVIUS EST QUAM BELLUM CIVILE. Iam diu Latinorum nepotes Italiae docuerunt litterariam legem Universitatis scholasticos : ‘traduttore, traditore’. Iuvenis discipulus meus,  exercitata labore sua, transcripsit calamo currente : ‘ningún salmonete es más pesado que un ciudadano gracioso’. Hic discipulus latinam linguam nesciebat, sed ille ipse a glosario delusus est. Sigue leyendo

De lingüística románica (II)

Por Juan Carlos Andrés.

Heri dicebamus o según la versión luisiana más conocida ‘decíamos ayer…’, el latín fue variando progresivamente hasta desembocar en variantes o lenguas diferentes.

Reparemos ahora en los conceptos “sustrato, adstrato y superestrato”. Empecemos por el primero. Se conoce como sustrato o lenguas de sustrato a las hablas existentes en una zona adonde llega una nueva lengua que acaba imponiéndose o siendo aceptada por sus habitantes. Así por ejemplo, se llama sustrato ibérico a las lenguas habladas en la península ibérica antes de la llegada del latín y que, desde el siglo II a.C. hasta aproximadamente el s. II d.C. en que dejaron de ser habladas, fueron capaces de aportar préstamos léxicos, rasgos fonéticos, estructuras sintácticas o cualquier otra cosa al latín de Hispania hasta hacerlo distintivo frente a otras variedades latinas. Sigue leyendo

De lingüística románica (I)

Por Juan Carlos Andrés

Las lenguas románicas, también llamadas lenguas romances, latinas o neolatinas, son todas aquellas que derivan del latín, lengua originaria del Lacio –región de la península itálica que tenía a Roma como su capital-, que fue extendiéndose con el imperio romano para llegar, en su máxima extensión allá por el s. II d. C., a ser la lengua de comunicación desde el Atlántico hasta Mesopotamia en todo el entorno del Mediterráneo, y por lo que hoy llamamos, más o menos, Centroeuropa. Sigue leyendo